Hector Mosquera Montañe, obnubilado ante la sagrada presencia de Marx y Engels, dijo: “Yo no entiendo más nada. Uno pide mayonesa de ave y le traen Vitel Tonne”. Ambos doctrinarios desembarcaron en la zona del puerto de Mar del Plata “a por unas buenas cazuelas y limonosas rabas”. Las coristas de Cat´s deliran cuando Marx y Engels cruzan la puerta de entrada “a por Luli y Melina”. El padre Grassi les pidió asesoramiento en el tema “revolución de hormonas” y Marx y Engels contestaron con más “recetas de doña Petrona”. Beatriz Olave les arregló dos conciertos en cancha de Belgrano (en Alberdi, no en el Chateau), a cambio de “vinachos tristes de punas interminables”. Una vieja les tiró las cartas en Villa Soldati y les salió que ganarían el Loto 5, pero a compartir el premio con otras trescientas personas. Cruzaron la Nueve de Julio en bolas al grito de “das kapital, das kapital”, hasta que fueron detenidos por sendas milicas “grande de muzza en mano”. Y la cacatúa de Baretta toma whisky del más carolo con Marx y Engels gritando a su lado: “Las pastas de la nona not dead”, como quien no quiere la cosa, nuestros héroes toman Ruta 20 para esquivar el primer peaje en Maipú
21 - LAS AVENTURAS DE MARX Y ENGELS 2
Nuestros amigos Marx y Engels fueron capturados por un escuadrón de sinfonías agridulces que dejaron sus corazones nobles en estado de delicadeza mortal. Sus corazones soviéticos y angloparlantes fueron pisoteados sin piedad. Sus ansias de escribir grandes teoremas invocando poderes extraterrenos ya no son las mismas. Su fuerza se diluye como el agua, se seca, sus ganas de correr como en aquellas tardes de Mayo parisinas ya no son tales. Marx y Engels sienten el desarraigo de sus metas, las ven cada vez más lejanas, casi imposibles, pero ellos seguirán su marca hacia la Plaza Roja para concluir con tantos años de conferencias. Una meretriz comentó a Marx y Engels que sus deseos no se llevarían a cabo, que “a esos parques no irán jamás” les dijo en tono acusador. Sus profesores de metafísica escribieron sobre ellos: “los jóvenes Marx y Engels no se concentran en sus actividades, ya que fueron golpeados por un viento del norte. Este Pampero o Monzón, los dejo de patitas en un terreno pantanoso del que no podrán salir fácilmente. Sus ansias de triunfo en cierto terreno, fueron borradas como una mala escritura”. Con estas lapidarias líneas, los profesores acusaron a Marx y Engels de estar tristes debido a decepciones que les quitaron sus energías para vivir.
Ambos se dirigieron hacia las costas del Báltico a corretear coristas en noches de tintachos. Los aldeanos, al ver que Marx y Engels caminaban por sus calles, les convidaban con empanaditas de copetín recién horneadas. Les arrojaban carteles de Burger King incendiados en señal de agradecimiento, por demostrar que la gente de abajo también existe. Una señorona ataviada con vestimentas africanas les bailó malambos dulces de La Puna Loca, blandiendo una bandera con la cara de Pamela Anderson. También Loli López y Sole Solaro reclamaron a gritos en conferencia de prensa el teléfono de Marx y Engels para invitarlos a tomar solcito en bolas.
¡Y sí!, ¡son Marx y Engels!. Buscando nuevas aventuras.
20 - LAS AVENTURAS DE MARX Y ENGELS 1
Los fenicios prometieron llevar a pasear a sus hijitos en sus canoas luego de levantar la cosecha germinada por Marx Y Engels (Das Kapital) en la Londres de antaño llena de chimeneas con vapores emanando sin parar. Tomando el trolebús con Marx Y Engels por Candem Town o por el Hyde Park se aprende mucho de su sociedad natural, de sus colmenas de títeres en etapa de entrenamiento para integrar el Teatro Negro de Praga. Se aprende también de estacionamiento de globos aerostáticos a gas natural, se aprende de garrafas en estado de descomposición, de la red cloacal de la antigua Roma, del griego de Mileto, de los espejos que se convierten en oro y de las antiguas casas de electricidad. Marx y Engels rotulaban a cada ser humano por el trabajo que llevara encima. Siempre caminaban por la ciudad anotando que persona estaba trabajando, que persona tomando una siesta y cuales jugando al bakghamon con reyes y aristócratas baratos hechos de anís 8 Hermanos y Legui. Marx y Engels zapateaban rancheras en todo cumpleañitos del barrio Hidebury. Los vieron tomando daikiris en costa galana de Mar Del Plata, muy pitucos ellos, rodeados de Nelida Lobato y Amelia Bence. Montaron un Mercedes descapotable por rutas sagradas en Tamarindo República de México. Imaginen a Marx y Engels, con lo que amaban la onda afro, cortándose el pelo en la boutique de John John Bentley Jr. En una calle perdida de Brooklin, luego de escuchar un concierto de RAP con bombos, platillos, bongóes y quenas en peligro de extinción. Jaime Torres les tocó el charango a Marx y Engels en veladas mágicas con señoritas de fácil y costoso andar. Caminando por adoquinadas calles de tenues luces, contando las hojas que arrojaban los arboles de fresias, pateando una cabeza de burro por arriba de unos cables, cortando el césped en casas de viejas paquetas de Barrio Parque, etc. El termo que le regalaron a Marx y Engels en su aniversario fue de su total desagrado, ya que tenia impresa la imagen del cantante Guillermo Guido esquiando en Aspen Colorado. “¡Inmediatamente devolveremos este presente!”, gritaron desconsolados. Se dirigieron al todo por 2 pesos de la estación de Amersfoort y pidieron el reintegro u otro articulo a elección (aclararon que si era mas caro el reemplazo, pondrían la plusvalía faltante, ya que la maquina gastaba mas en crear artículos más costosos), a lo que el vendedor aceptó sin problemas. Marx y Engels transitaron el local buscando algo de su gusto, hasta que se toparon con una sombrilla de Coca Cola que atraparon para su jardín. Al llegar a su casa notaron que dicho inmueble no se encontraba allí ya que había sido remolcado por estar mal estacionado sobre un manifiesto bache rojo por la mano izquierda.
Sus obras fueron comerciadas por todo el mundo. Incluso por lugares donde jamas fueron aplicadas y recomendadas por personas que las detestaban al mas alto grado de intentos de incendio. La grandeza de Marx y Engels fue la de ser el dúo (luego de Pimpinela) que más apariciones tubo en los programas de radio, en Arkansas, entre los años mil novecientos sesenta y siete y mil novecientos sesenta y nueve.
Felices Marx y Engels, corren por campiñas de Bogotá, ya retirados y portando carteritas de estilo hippie (de esas tejidas coloridas) llevando la libertad.